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Alasks Latin Tours LLC Les da las infinitas gracias por sus amenos comentarios (Invierno 2008) Luis y Maria
El programa ha respondido plenamente a lo que deseábamos permitiéndonos conocer un poco ese estado que tanto nos ha gustado y al que espero poder volver. El salmón ha resultado riquísimo llegando en perfectas condiciones. Parte lo hemos compartido con los amigos y les ha gustado muchísimo. Con el equipaje no tuvimos ningún problema y la facturación desde Fairbanks funciono perfectamente llegando a Bilbao en el mismo vuelo que nosotros.
Una vez mas muchas gracias por todo y saludos a toda la familia.
Un fuerte abrazo, Luis
(Verano 2007)
Todos hemos reconocido que ha sido un viaje muy interesante, bonito, diferente y agradable. Me han felicitado por la idea de llevarles a Alaska y especialmente por la magnífica compañía que Vds. nos han dispensado. Lo hemos pasado muy bien, los itinerarios han sido preciosos y con Vds. nos hemos sentido, seguros, felices y como verdaderos amigos.) JAVIER VARELA (Invierno 2005) Una vez más gracias por todas las atenciones
conmigo y mis amigos. Como les comenté en esta ocasión (
y es repetición del primer viaje ) sigue "vivo" mi deseo
de volver a vernos en ese maravilloso País. Me encantaría
volver para ver nuevas cosas y paisajes.
Si algo me ha sorprendido más en mi vida es el viaje a Alaska, que he realizado
este verano, en el mes de julio, junto a mi familia y a mis amigos. Un
viaje que encerraba ya antes de su inicio muchos atractivos. Iba a ser
el primer viaje intercontinental. El destino elegido contenía muchos anhelos.
Tendríamos la compañía de amigos que estaban más duchos en viajes de largo
recorrido. Alaska no nos decepcionó. Estuvo a la altura de nuestras expectativas. Maravillosos
paisajes, animales salvajes que podían estar a tu alcance, personas encantadoras,
lugares muy familiares y acogedores. Un conjunto casi perfecto. Arturo Herrera y su esposa han sido las primeras personas con las que hemos
mantenido una relación comercial cordial y muy agradable. Ellos han materializado
los deseos de conocer un estado americano fuera de lo común. Nuestras
peticiones se han concretado con su tenaz y constante búsqueda de hoteles,
transporte y lugares adecuados. Nuestro enorme agradecimiento para ALASKA
QUICK & EASY TOURS en ANCHORAGE (http://home.gci.net/~visitalaska
ó
bien, mail to: artha_ak@hotmail.com). También queremos transmitir nuestro más profundo cariño a Kimberly y Tracey,
matrimonio que nos acogió en Anchorage en su casa, utilizada con Bed and
breakfast. Pero la verdadera emoción del viaje ya empezó en Barcelona (Catalunya – Espanya).
Los distintos vuelos que nos iban a trasladar hasta Anchorage y que iban
a parecernos una eternidad. Con las incomodidades habituales de la “clase
turista”, pero con los enormes deseos por llegar hasta nuestro destino
final. Todo marchó según lo previsto y aterrizamos en Anchorage por la tarde, donde
al dia siguiente fuimos a conocer la ciudad: pequeña, amplia y muy acogedora;
si la comparamos con nuestra ciudad de Barcelona, grande, enorme (por
sus altos edificios, aunque no tenga semejanza con New York) y muy bulliciosa,
aunque eso sí muy Mediterránea. Los “alaskeños” son muy cordiales y curiosos de los visitantes que se acercan
a conocerlos. Parece que quieran aprovechar esos cortos meses de bonanza
climatológica para abrirse al mundo, a las gentes que, como nosotros,
proceden de países donde gran parte de la vida se hace en la calle y en
los espacios abiertos. Muchos de ellos se sorprendieron al saber de donde
procedíamos, y por supuesto conocían de oídas la Barcelona olímpica del
año 1992. Nuestro recorrido por el interior del estado fue confirmándonos datos y curiosidades
que amigos y compañeros nos habían sugerido antes del viaje. “La naturaleza
allí tiene otro color”, “Los animales salvajes todavía existen”, “La comida
deja mucho que desear”. Y así fue. Un colorido sin polvo ni partículas en suspensión que mitiguen
su nitidez; unos animales que al no sentirse demasiado acosados no huyen;
una comida que comparada con la nuestra se halla en las antípodas de la
variedad y la
creación, pero eso sí con una fantástica carne de ternera muy tierna
y sabrosa.
Desde los Innuits de Barrow (en el extremo norte), pasando por el Parque Nacional
de Denali (en el centro del estado), visitando más tarde los fiordos de
Seward (en la península de Kenai), continuando hacia el sur para visitar
King Salmon y el Parque Nacional de Katmai y alejándonos un poco más hacia
el oeste para disfrutar de las bellas islas Walrus (destino muy exclusivo),
todo ha sido maravillo y las gentes han querido mostrarnos lo mejor de
sus tierras: una tundra seca o húmeda, que es una explosión de vida en
miniatura en el mes de julio; un bosque boreal con un verdor fuera de
lo común; unas playas desiertas e infinitas donde pasear, etc... UNA NATURALEZA
VIVA. Recuerdo muy especialmente el paseo que realizamos con Terry por la tundra,
el capitán del barco que nos iba a llevar a las islas Walrus. Terry nos
hablaba del mar de Bering con gran cariño, dijo “sólo es mi mar cuando
está tranquilo”. Fue un paseo muy gratificante en una soledad espacial
sin límites, LA TUNDRA ES INMENSA. Ese cielo, tan azul en un día claro y tan gris en un día turbio. Donde el
sol y la luna luchan por no desaparecer nunca. Esos eternos anocheceres,
que buscan esconderse debajo de la línea del horizonte, pero que parece
que esa línea los persigue para dejarlos siempre allí, en el mismo lugar,
como en un juego por atraparse mutuamente. Alaska es un destino fascinante para viajar. Sus animales son los mejores
compañeros de viaje. Un alce comiendo plácidamente en el medio de un lago,
una ballena jugueteando en esos mares tan fríos, un águila posada majestuosamente
en una roca pidiendo a gritos su contemplación, un castor laborioso, ardillas
juguetonas por todas partes, etc.…. Un mundo en su más hermosa explosión
de vida y belleza. Alaska es realmente esa “última frontera” de lo vivo y de lo bello, siempre
y cuando no decidan los humanos estropearlo y manipularlo porque en sus
entrañas tiene la riqueza que los hombres anhelan, el petróleo. Me gustaría pensar que vencerá la sensatez y no la avaricia. El amor a lo
natural y no el deseo de explotar los recursos naturales de manera indiscriminada.
Me gustaría imaginar que si algún día mi hijo quiere volver, pueda encontrar
la misma Alaska que conoció en el 2003.
Besos afectuosos
Glòria Pérez Como lo prometido es deuda, aquí transcribo un párrafo en catalán para
que tú, Arturo, practiques un poco nuestra lengua. “Una salutació dels teus amics de Barcelona. Esperem veure’t algun dia amb
nosaltres, per aquesta ciutat tan bonica. Fes-nos una visita ben aviat
amb la teva esposa. T’esperem aquí per ensenyar-te les coses que hi ha
en aquesta ciutat mediterrània.”
ha sido una experiencia
inolvidable para nuestros clientes.
ALASKA,
CERCA DE LAS ESTRELLAS Hay
lugares en el mundo que tienen un feeling
especial... atraen a los viajeros, cual sirenas de la Odisea, y despiertan
en ellos unos deseos irreprimibles de visitarlos, de vivirlos, de inmortalizarlos...
Y una vez satisfecho ese deseo, de regreso en sus hogares, los viajeros
disfrutan de su recuerdo y, ante las fotos o los videos, añoran aquellos
momentos deliciosos que el país les ofreció. Uno de esos lugares... uno
de MIS paraísos es ALASKA. He podido visitar Alaska hace sólo unos días,
y cuando cierro los ojos todavía veo las inmensas extensiones de bosques
verdes, verdes... los ríos de aguas lechosas y cambiantes, los miles de
lagos, montañas, fiordos, glaciares espectaculares, bahías, islas... y
la presencia de vida salvaje en cualquier
rincón del país, ya sean sus espectaculares osos Kodiak, sus grizzlys,
sus osos negros o baribales, sus osos blancos, en las regiones polares...
sus águilas de cabeza blanca, sus caribúes, linces, lobos, frailecillos,
nutrias marinas, focas, orcas, belugas, alces... y salmones, salmones,
salmones... libélulas, abundantes como en ningún otro sitio, y mosquitos,
también! Tanta y tanta vida!
Anchorage, es una ciudad, moderna, amplia, diferente a los
modelos de ciudad europea a que estamos acostumbrados los habitantes del
viejo continente. Rodeada de las montañas y los bosques del Chugach State
Park (un parque nacional de 485.000 acres), sus poco más de 250.000 habitantes
pueden gozar de la presencia de los alces o los osos negros, y a veces
incluso de los grizzlys, en áreas muy cercanas a la capital... o incluso
a veces, los alces se pasean por los márgenes de las autopistas, o por
las calles de la ciudad.
Cerca de Anchorage y
de sus montañas que ofrecen
muchas rutas para los amantes del treking, pude gozar de la belleza del
Portage Glacier, el más accesible de los
aproximadamente 100.000 glaciares que hay en Alaska.
Los más espectaculares de los que pude ver son los de Prince William
Sound, a los que nos acercamos con una embarcación perfectamente preparada
y que nos ofrecieron sus sonidos, los rugidos de sus entrañas resquebrajándose,
y el gran espectáculo de grandes masas heladas desprendiéndose y generando
tsunamis que balanceaban la embarcación con contundencia. Y los de Kenai
Fjords National Park, más lejanos pero no menos espactaculares desde la
embarcación, eran de un azul
intenso, espolvoreados ligeramente de gris, y contrastaban con el verde
oscuro de las piceas estrechamente
confabuladas en bosques espesos y rebosantes de vida.
Desde Anchorage sale el Alaska Railroad, un tren turístico que
te transporta en el espacio y en el tiempo. La
primera parada del tren es Talkeetna, centro minero de cuando la fiebre
del oro atrajo a estas tierras a miles de buscadores de fortuna. Y en
un entorno idílico, en la confluencia de
los ríos Susitna, Talkeetna y Chulitna, puedes embarcarte y remontar
el Susitna hasta el pueblo fantasma de Curry, del que sólo queda una estación
de ferrocarril y los restos de su historia. La
siguiente parada es Denali National Park, rebosante de vida y uno de los
centros turísticos más visitados de Alaska.
La entrada a la zona restringida del parque se hace en autobuses
con conductores-guías oficiales, y a partir de aquí la suerte es quien
decide si vas a ver muchos animales o pocos... Hay
osos, lobos, zorros, caribús, alces, linces, marmotas, cabras...
hasta 37 especies de mamíferos. Y 130 especies de aves... Uno de los caribús que vi lo tuve a tres metros y pude fotografiarlo
cuando pasó por el lado de mi ventanilla. La
estrella de Denali Park es el Mont McKinley. Imponente. Impresionante.
La imagen de su cumbre emergiendo muy a lo lejos entre prados tapizados
de fireweed rosadas es una de las imágenes inolvidables de Alaska. Y el
vuelo en avioneta cerca de su cumbre, disfrutando de la grandiosidad de
las crestas escarpadas, de la verticalidad de algunas paredes, de la contundencia
de sus hielos, es también una experiencia inolvidable. Como lo es ver
el río Nenana moverse contorneándose en meandros extensos y sinuosos,
erosionando las paredes que le marcan el camino a seguir y que él se esfuerza
en ir moldeando a su gusto
y deseo. El
Alaska Railroad te conduce finalmente hasta Fairbanks. Una ciudad extensa,
moderna, sede de la Universidad de Alaska, y que ofrece al visitante entre
otras muchas cosas la posibilidad de disfrutar de un paseo por el Chena
River con el Discovery III, un típico barco de navegación fluvial. Una
escala te permite bajar y pasearte por la réplica de un poblado atabasca
Desde Fairbanks, via aérea, pasando el Círculo polar Ártico, llegas
a Barrow, el punto más boreal del continente americano. Es una localidad
de poco más de 4000 habitantes, que alberga la mayor comunidad inupiat
de Alaska. Puedes comprobar que el tiempo es absolutamente variable, impredecible...
que puede llover y a los cinco minutos lucir el sol.. Puedes ver icebergs
desprendidos de la masa polar flotando hasta la costa,
gozar del espectáculo del sol de medianoche, contemplar un arco
iris en forma de aurora boreal, sacudirte los millones de mosquitos que
te reciben así que sales a la intemperie, o fotografiarte al lado de un
cartel informativo inmenso que avisa de la presencia de osos blancos (en
invierno, claro... ahora estaban todos cazando focas en el hielo)... Es
una visita recomendada porque es un lugar
singular.
La crónica de mi viaje a Alaska acaba
donde empezó realmente, en las islas Kodiak, porque para mí es
un paraíso de increíble belleza. Además en Kodiak pude ver cumplido un
sueño: ver osos en libertad y aproximarme a ellos lo que la prudencia
y el respeto a la vida salvaje aconsejan. Pude caminar por sendas que
ellos habían transitado y donde habían dejado huellas, pude verlos pescar
salmones en un espectáculo irrepetible, y pude sentir la satisfacción
de saber que en Alaska, los osos tienen futuro. Tienen territorio, recursos
para sobrevivir y cuentan con la protección legal necesaria para garantizar
sus vidas y la de sus descendientes.
Me fascinó también poder conocer las tradiciones y las manifestaciones
culturales de las diferentes etnias que forman el mosaico humano en Alaska:
los Tlingit, los Aleuts, los Inuit, los Athabascan, los Haida, los Yup’ik,
los Cup’ik, los Eyak... gozar del espectáculo de sus danzas y participar
en ellas, admirar su adaptación al medio y las diferentes visiones del
mundo, las relaciones con los seres vivos animados e inanimados.. Ha sido
una experiencia muy enriquecedora...
Y tantas y tantas cosas más que me dejo para no hacerme pesada...
Alaska es interminable,
inmensa, es realmente la última frontera, un lugar maravilloso del mundo
donde encontrar muchas cosas... donde encontrarse, a veces también.
Y todo ello de la mano de Arturo y María Teresa, dos profesionales
competentes, solícitos y amables que
hacen que el viajero, al principio perdido en la inmensidad de
Alaska, se sienta como en casa, arropado por su buen hacer
y su interés por hacer más intensa la estancia del visitante en
este su país, Alaska.
Y no quiero acabar sin dejar de mencionar la amabilidad exquisita
de todas las personas que tuve la suerte de conocer, aunque fuera de manera
efímera. Su afabilidad, su simpatía... Y un recuerdo especial para Rodney,
defensor militante de todos los valores que no cotizan en bolsa.
Si de algo estoy segura es de que VOLVERÉ A ALASKA!
Rita Gómez i Cardona
Gelida - Barcelona
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